lun 3a. Sem cuaresma (Id=219)
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Mi alma desfallece y suspira por los
atrios del Señor; mi corazón y todo mi ser se han regocijado en el Dios vivo.
Concupíscit et déficit ánima mea in átria Dómini. Cor
meum et caro mea exsultavérunt in Deum vivum.
Oremos:
Señor, que tu continua misericordia purifique a tu Iglesia y la proteja; y ya
que sin ti no puede encontrar la salvación, dirígela siempre con tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Muchos leprosos había en Israel, pero ninguno fue curado, sino Naamán, el sirio
Lectura del segundo libro de los Reyes
5, 1-15a
En aquellos días, Naamán,
general del ejército de Siria, gozaba de la estima y del favor de su rey, pues
el Señor había dado la victoria a Siria por medio de él. Pero este gran
guerrero era leproso.
Sucedió que una banda de sirios, en una de sus correrías, se llevó de Israel a
una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán.
Ella dijo a su señora:
"Ojalá mi mi señor
fuera donde está el profeta que hay en Samaria; él lo curaría de la lepra".
Naamán se lo fue a decir al rey:
"Esto y esto me ha dicho la muchacha israelita".
El rey de Siria respondió:
"Bien. Ponte en camino, yo te daré una carta para el rey de Israel".
Naamán partió llevando consigo diez barras de plata,
seis mil monedas de oro y diez vestidos, y entregó al rey de Israel la carta
que decía:
"Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de la lepra".
Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras exclamando:
"¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar la vida o la muerte, que éste me manda
un hombre leproso para que lo sane? Es evidente que lo que busca es un pretexto
para hacerme la guerra".
Cuando Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus
vestiduras, envió a decirle:
"¿Por qué has hecho eso? Que venga a mí, y sabrá que hay un profeta en
Israel".
Llegó Naamán con sus caballos y su carroza, y se
detuvo ante la puerta de la casa de Eliseo. Este le mandó decir con un
mensajero:
"Anda, báñate siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia".
Naamán se alejó enojado diciendo:
"Pensaba que saldría a mi recibirme, que invocaría el nombre del Señor, su
Dios, me tocaría y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son muchos
mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría yo bañarme en ellos y quedar
limpio?"
Y se fue indignado, pero sus criados y le dijeron:
"Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria. ¿no lo habrías hecho? Pues, ¡cuánto más habiéndote dicho:
"Báñate y quedarás limpio"!"
Entonces Naamán bajó al Jordán, se bañó siete veces,
como había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño.
Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y, de pie ante él,
dijo:
"Reconozco que no hay otro Dios en toda la tierra, fuera del Dios de
Israel".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial
Sal 41, 2.3; 42, 3.4
Estoy sediento del Dios que da
Sitívit
Como busca el venado
corrientes de agua, así, Dios mío, te busca todo mi ser.
Estoy sediento del Dios que da
Sitívit
Tengo sed de Dios, del Dios vivo,
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Estoy sediento del Dios que da
Sitívit
Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me
guíen, y me lleven a tu santo monte, hasta tu morada.
Estoy sediento del Dios que da
Sitívit
Y me acercaré al altar de Dios, al Dios
de mi alegría, y te daré gracias con el arpa, Dios, Dios mío.
Estoy sediento del Dios que da
Sitívit
Aclamación
antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Confío en el Señor y en sus palabras, porque del Señor viene la misericordia y
la redención.
Spero in Dóminum, spero in verbum eius; quia apud eum misericórdia et copiósa redémptio.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Como Elías y Eliseo, Jesús no ha sido enviado sólo a los judíos
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
4, 24-30
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo Jesús llegó a Nazareth, entró en la sinagoga y dijo al pueblo:
"La verdad es que ningún profeta es apreciado en su tierra. Les aseguro
que muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando se cerró el cielo
por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; sin embargo, a
ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta,
en la región de Sidón. Y muchos leprosos había en
Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino
únicamente Namán el sirio".
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron; se
levantaron, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de
la montaña sobre el cual estaba edificada su ciudad, con ánimo de despeñarlo.
Pero él, abriéndose paso entre ellos, se fue.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, esta ofrenda que te presentamos
como signo de nuestra entrega a ti y conviértela en el sacramento que ha de
darnos
Por Jesucristo
Amén.
La penitencia espiritual
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno.
Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en
santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, vivamos
las realidades temporales como primicias de las realidades
eternas.
Por eso,
con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:
[Misa]
Alaben al Señor todas las naciones,
aclámenlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su
fidelidad dura por siempre.
Laudáte Dóminum, omnes
gentes, quóniam confirmáta est super nos misericórdia
eius.
Oración
después de la Comunión
Oremos:
Que el sacramento que hemos recibido nos purifique, Señor, y realice nuestra
unidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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